Epílogo á ediçom argentina do livro de Xosé Tarrío “Huye, hombre, huye” (em castelám)

Este texto foi escrito por Óscar, um dos meus milhores Amigos da Vida (assim com maiuscúlas), quem tamém figera moi boas migas com o Xosé quando este saira do cárcere em maio de 2003 e andivera com ele percorrendo mundo. Neste texto, Óscar dá conta das vivências de ámbos durante esse tempo e até o assassinato de Xosé Tarrío em dependências hospitalárias.

Co seu permiso, publico acá, em HOMENAGEM ao Xosé e mais sua nai Pastora, poucos dias depois de ir juntar as cinças de ambos numa mesma paragem da Praia do Riás (Costa da Morte) e, por uma vez e sem que serva de precedente, nom traduço o texto ao galego:

En el libro que tienes en tus manos, editado por primera vez a finales de la década de los 90, Xosé nos cuenta, en clave autobiográfica, la cruda realidad penitenciaria en el estado español.

En el presente epilogo, la idea es arrojar un poco de luz a lo que sucedió en los años siguientes, desde la publicación de este libro hasta la muerte –asesinato- de Xosé, el 2 de enero de 2005. Centrándome desde que Xosé salió de la cárcel en mayo de 2003 ,con su posterior vuelta a prisión en septiembre del mismo año, hasta los hechos sucedidos en la cárcel de Teixeiro y luego en el hospital Juan Canalejo.

En el momento que le empezaba la enfermedad (2004), Xosé intentaba plasmar en un nuevo libro lo que le sucediera y sintiera en los meses que pasó en la calle, pero, debido a la parálisis cerebral que le impedía hasta coger el bolígrafo, tuvo que abandonar el nuevo libro.

Sirvan estas lineas como recuerdo homenaje a los muchos y buenos momentos que pasamos juntos .

Lo que narro a continuación, lo viví en primera persona, junto con la familia y otros amigos libertarios de Xosé y ya lo plasmamos en las muchas charlas que dimos en los años posteriores a su muerte, y también en el C.D.Anticarcelario en homenaje a Xosé editado por la Rádio Kalimera en el 2007, titulado “Voces contra el Silencio”

El mes de mayo de 2003 comenzó con la buena noticia de la liberación, luego de mas de 16 años preso, de Xosé Tarrío. La primavera comenzaba en Galicia y el buen tiempo nos traía a un Xosé lleno de energía, vida, con múltiples proyectos y ganas de dar y recibir. Cuesta imaginar que apenas 4 meses después un Xosé totalmente hundido, tanto física como psicológicamente, sería detenido en una plaza de la ciudad coruñesa.

Sus primeros días en libertad los pasó con su querida madre Pastora, a la que tanto AMABA, y en compañía de su querido Océano Atlántico. Xosé siempre fue un enamorado del mar al que asociaba con la libertad.

Después de estos primeros días empezó a pasar por el colectivo libertario Oveja Negra, del cual yo formaba parte y allí fue donde nos conocimos, recuerdo que fue en una charla de Francisco Brotons, ex-preso del GRAPO, que presentaba su libro.

Poco a poco fuimos forjando una gran amistad y empezaban a aflorar los sueños en forma de proyectos. Siempre hablaba que quería montar una imprenta móvil en una furgoneta y recorrer la Península Ibérica con ella, dando charlas y compartiendo libros por cada lugar que pasáramos.

Pero antes de nada quería desconectar y pasar unas semanas en contacto con la naturaleza y surgió la oportunidad de conocer una colectividad rural que unxs compis tenían en la provincia de Granada.

Y para allí nos dirigimos en junio de 2003, luego de despedirnos de Galicia en la noche mágica de San Xoan, donde celebramos el solsticio de verano al calor del fuego en la Praia das Lapas, al lado de la Torre de Hércules .

La primera parada en esta travesía libertaria fue Madrid, allí Xosé quería devolver el cariño dado por lxs compis de la CNA Villaverde. La idea era estar un par de días, donde Xosé dio una charla, y continuar rumbo a Granada.

Pero por causa de la represión que en aquellos meses azotaba Valencia, ocurrió que, estando en Madrid, detuvieron a Edu y Amanda, 2 compis de Valencia acusados de varios delitos importantes.

Lo que era una parada tranquila en Madrid se convirtió en varios días de sana locura, sacando comunicados de apoyo, buscando abogados de garantía, haciendo pintadas,… Xosé, en compañía de varias libertarias de la península, no dudó en aplazar su viaje a Granada y volcarse en la defensa de las compis. Recuerdo miles de kilómetros entre Galicia, Madrid y Valencia.

Luego de esos días en Madrid, viajamos a Galici , donde Xosé tenia “guardado” un dinero para ocasiones como esta.

Recuerdo que este viaje lo hicimos de noche y al entrar en Galicia se me ocurrió parar en las termas naturales de Bande (sur de Galicia). Nunca olvidaré la cara, el gesto de placer de Xosé cuando el agua termal cubría su marcado cuerpo. Ese momento es de los mejores recuerdos que tengo de ti, hermano. Igual que cuando jugabas con mi perro Trasto, fiel acompañante en nuestros viajes, era el ser que conociste en estos meses al que más quería, los 2 erais iguales, libres y salvajes. Como olvidar también la banda sonora de este viaje, ese doble casette de Triana que nos acompañó en estos miles de kilómetros.

Tu canción favorita, HIJOS DEL AGOBIO, que bien podía ser la banda sonora de tu vida y la de tu generación.

Dormidos al tiempo y al amor
un largo camino y sin ilusión
que hay que recorrer
que hay que maldecir
hijos del agobio y del dolor
cien fuerzas que inundan
el corazón
te separan de tí
quiero sentir algo que me
huela a vida
que mi sangre corra loca de pasión
descubrir la música que
hay en la risa
la luz profunda y el amor
un largo camino y con ilusión
que hay que recorrer
desde ahora hasta el fin
hijos del agobio…

En estos días en Galicia nos reunimos con varios compis y colectivos en Ferrol, Coruña y Santiago, para que movieran el tema de Valencia por nuestra tierra. Recuerdo asambleas donde Xosé participaba activamente en Galicia, en el barrio del Carmen y en el Cabanyal ( Valencia), todo bajo la asfixiante ola de calor que regaba España ese verano, con temperaturas por encima de los cuarenta grados. Cuanto calor pasamos, eh Xosé, pero no importaba, la ocasión bien lo merecía.

Estas semanas de sano ajetreo, terminaron a finales de julio con la manifestación en Madrid, exigiendo la libertad de Edu y Amanda y también de los compas que se encontraban presos en Tsalonika (Grecia).

Fue poco más de un mes agotador, miles de kilómetros, calor insoportable, pero no solo las condiciones físicas se hacían duras. Lo peor era saber que allá donde fueras, siempre había un pasma esperando por ti, que no te iban a dejar tranquilo y que su plan para que el tiempo que estuvieras “libre” fuera el menor posible, ya estaba en marcha.

Eras un dardo envenenado contra su podrido sistema,y no podían permitir tu libertad de movimientos y acción. El plan era simple, en primer lugar control policial directo para ir minándote la moral, pero esto ya lo esperabas. Lo que no esperabas es que usaran como cebo a un antiguo “amigo” tuyo, el cual era confidente de la brigada de información de A Coruña, y no contento con eso te proporcionaría grandes cantidades de droga desde tu salida.

En un primer momento no las usarías mas que para repartirlas gratuitamente entre los toxicómanos que encontrabas por el camino (recordar que Xosé llevaba más de quince años limpio), cuando los demonios y fantasmas aparecieron en tu cabeza y cuando las emociones y el desencanto ya eran imposibles de controlar, empezarías a usarlas como vía de escape a una sociedad enferma que no comprendías.

Para quien te conoció es imposible criticar esta decisión, igual de imposible que imaginar el sufrimiento que te provocaba la realidad que nos rodea. Años de lucha desde dentro para imaginar un mundo de seres libres guiados por la solidaridad, el amor fraternal y lo que encuentras es una sociedad enferma y egoísta.

Imaginando un movimiento libertario cohesionado, dinámico y te encuentras que las ideas no liberan a nadie, que realmente eramos cuatro amigos jugando a la rebeldía, si, con buena fe, con buena intención, pero se nos quedaba un poco grande la guerra social que queríamos afrontar y ganar.

Poco a poco fuiste desapareciendo de los ambientes acrátas que frecuentabas y encerrándote en ti mismo. Me acuerdo una de las ultimas veces que nos vimos en la calle, fue en agosto durante unas jornadas anticarcelarias que contigo organizamos en A Coruña, diste una charla magnifica donde, con el corazón en la mano, llorabas la muerte –asesinato- de Paco Ortiz, en el modulo FIES de Badajoz unos días antes. Su dolor era el tuyo, y con su muerte se fue algo de ti. Después de la charla nos pediste a los cuatro amigos que más te habíamos acompañado ese verano, que querías hablar con nosotros a solas. Estabas emocionalmente hundido, nos abriste tu corazón como despedida de los buenos y malos momentos vividos juntos.

El final de tus meses en la calle estaban cerca, ya no encontrabas tu sitio en la sociedad ni en el movimiento libertario, pero fiel amante de la amistad nos previniste de lo que te iba a ocurrir.

Las cartas ya estaban jugadas y solo había que esperar el final de la partida. El dolor que pasaste en este ultimo mes en (libertad) solo lo conoces tu, y en cierto modo tu madre Pastora “la mujer que siempre esta”.

Decidiste, en ese momento de debilidad y con la mente sumergida en un cóctel de drogas, que tu sitio no estaba en este mundo enfermo, y esto trajo la consecuencia de tu nueva entrada en prisión. Esto ocurrió en septiembre de 2003, y el modo en que sucedió, refleja el dolor y la indefensión que sentías.

Deseabas darte otra oportunidad, pero esta no llegó, querías viajar a Madrid para limpiar tu cuerpo y aclarar las emociones, por eso sacaste un billete de tren para el mismo día en que te detuvieron. A las seis de la mañana tu madre te dejó en la estación para subirte al tren que te llevaría a Madrid, pero nunca agarraste ese tren. Preferiste perderte por los barrios que te acompañaron en tu tierna infancia, según mi opinión, te dejaste detener luego de, presuntamente, haber cometido dos robos, uno en una jamonería, donde te hiciste con un cuchillo y otro en una tienda de pieles de animales. Digo que te dejaste detener porque luego de estos robos te sentaste en un parque esperando a que el destino viniera a buscarte.

Y los buitres se abalanzaron sobre ti como si fueras carroña. La brigada de información de la policía nacional de A Coruña ya tenia su presa, su trofeo y lo celebraron en consecuencia.

Te tuvieron tres días en la comisaria vieja de A Coruña, donde no había más detenidos que tu, así te podrían torturar sin problemas. En ningún momento te interrogaron sobre los delitos que te acusaban, sinó sobre tu actividad libertaria en eses meses. Te hicieron ver que siguieron tus pasos desde el primer día y te amenazaron con detener algún amigx de los que te acompañamos en esos meses, si no asumías los delitos que te imputaban.

No contentos con eso añadieron otros tres robos con fuerza (de los que seguro no tenias nada que ver) cometidos con anterioridad.

Fuiste salvajemente torturado, como demuestran los dos partes de ingreso del hospital en esos tres días. Uno de ellos cuando te tiraron por la ventana de la comisaría, que te produjo un corte de más de cuarenta puntos en tu brazo derecho.

Pasado ese infierno de tres días, te devolvieron a la prisión de Teixeiro (A Coruña). En cuanto nos autorizaron fuimos a visitarte, cual grata fue nuestra sorpresa cuando esperando encontrarte física y psicológicamente hundido, te vemos con una sonrisa y bastante recuperado, íbamos a animarte y fuiste tu quien nos llenó de animo y energía a nosotrxs.

Nunca olvidaré esa primera visita, estabas totalmente limpio, las drogas quedaron atrás cuando te detuvieron, y otra vez estabas lleno de sueños en forma de proyectos. Pensabas que te caerían pocos años de condena y no querías repetir los errores del pasado, hablabas de irnos fuera de España, América Latina. Nos decías que no nos preocupáramos por ti y que pronto estarías fuera con nosotros.

Los sueños allí dentro son la mejor vía de escape, eh! Xosé, y tu, soñador romántico, volabas con ellos hasta tierras libres, con gente fraternal, cuanto amor infinito tenias en tu gran corazón.

Los meses iban pasando y preparabas tu defensa para salir pronto de allí, recuerdo la navidad del 2003-2004 cuando te fuimos a visitar el mismo día que hacíamos la manifestación a las puertas de la cárcel. Ese día eramos bastantes gritando contra los centros de extermino, lleváramos incluso la radio móvil de la “Kalimera” para que nos escucharais más claro dentro. Luego de la mani, al entrar de comunicación, nos presentaste a todos los compis de tu modulo, estabas pletórico, decías a todos que eramos nosotros alguno de los que apenas dos horas antes andábamos fuera de los muros denunciando las vergüenzas carcelarias.

El 2004 llegó y con el tu nuevo juicio y ahí es donde los sueños se derriten. Once años de condena por dos mierdas de robos, (mas tres que se inventaron). Las jueza, con ganas de colocarse una medallita, te metió la pena máxima. ¿Qué le importaba a ella que te pudrieras en prisión una vez más?, ¿Qué le importaba el dolor que eso provocaría en tu madre, tu familia y amigos?. La sentencia estaba dictada de antemano y esta no era de once años, si no tu muerte, asesinato. Esa es la sentencia real que te aplicó su señoría.

En el momento de conocer tu condena tu cuerpo empezó a fallar. Recuerdo la ultima visita que te hicimos a “Teixeiro”, te quejabas de que te dolía el brazo izquierdo y ya se te empezaba a ver el labio caído, debido a la parálisis cerebral que empezaba a castigarte. Decías que el medico del talego te diagnosticara gripe y te diera un antigripal y tranquimazin. Desde este momento (mayo junio 2004) hasta tu muerte todo son negligencias médicas en tu caso, perdón torturas médicas, mejor dicho.

Te sacan de la enfermería de la cárcel y te llevan al hospital Juan Canalejo, allí la rehabilitación que te dan es tenerte esposado el brazo y la pierna izquierda, las mismas afectadas por la parálisis. No contentos con ello las provocaciones de los policías que te custodiaban eran continuas hacia ti, tu familia y amigos. Recuerdo hasta seis policías vigilando a un enfermo que apenas se podía mover.

Tardamos un mes en sacarte de allí, gracias a la ayuda desinteresada de un abogado cercano, te dan la libertad por enfermedad incurable, pero ya era tarde Xosé, como siempre en estos casos ya era demasiado tarde.

La vida en tu mirada iba desapareciendo a causa de las lesiones cerebrales, y pocos días después de estar en tu casa con tu madre vuelves al hospital del que ya no saldrías hasta el 2 de Enero del 2005.

Los médicos decían que las lesiones cerebrales que te causaran la muerte eran de tiempo atrás, seguramente de algún rigor innecesario, perdón tortura. Si Xosé, la cárcel te asesinó como a tantos otros, impunemente, pero aún sigues muy vivo para la gente que te quiere. Y la vida continua y permanecen vivos muchos momentos, amistades que contigo empezamos.

14 años después de aquel viaje en mi viejo Ford,seguimos tejiendo la amistad con los compis que conocimos en Madrid, en Valencia y en nuestra querida Galicia. Seguimos compartiendo y aprendiendo, equivocándonos y levantándonos, siempre con el amor fraternal por bandera.

Te encantaría saber que muchos de tus compis en los años de celdas y dispersión están hoy en la calle, llenos de sueños, saboreando la victoria de resistir la represión más dura. Si Xosé, demasiados quedásteis en el camino, pero vuestro ejemplo y fuerza ayudó a resistir y a ganar la batalla de la libertad; como tu “hermano” Musta, quien disfruta de una vida trankila junto a su compi, y recién esperan una hijita; o Santi Cobos, ejemplo de coherencia y equilibrio, quien cada año nos hace alguna visita a nuestra linda tierra; o el Javi Ávila, con quien seguimos riendo con esa alegría innata que contagia; o el Roberto Pardiñas quien está integradísimo viviendo en el monte.

Si Xosé, resististeis y ganasteis, nunca os doblegaron ni os robaron la dignidad.

Y ya, para cerrar este epílogo, recordar que cuando encontraste la muerte física, allá por enero del 2005, tu madre nos pidió que buscaramos un sitio lindo para esparcir las cenizas y juntarnos allí de vez en cuando para recordarte, y este sitio es la Praia do Riás, en plena Costa da Morte, lugar mágico donde el mar se abraza con la montaña, y donde por fin eres libre.

Y ya para concluir, quiero agradecer a las compas que editan este libro el que me pidiesen estas líneas, me disteis la oportunidad de recuperar momentos muy especiales y analizarlos desde otra visión; los años aportan experiencia, esa que no tenía cuando nos conocimos. Revolver las emociones que llevamos dentro puede ser duro pero vale la pena, estoy encantado de haber sido tu amigo y todos los que te conocimos llevamos algo tuyo en nosotros.

Que la tierra en la que descansas te sea leve, la buena gente nunca muere.

Dedicado a Javier Ávila Navas,

Óscar.

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